En 2003, Joaquim Ibarz llevó unos melocotones de Zaidín a Enrique Serbeto, que pasaba las vacaciones de verano en su pueblo, Castejón de Sos (Huesca). Así empezaron las cumbres veraniegas de periodismo de altura que cumplieron ocho ediciones la semana pasada. Ibarz es el decano de los corresponsales españoles en América Latina y trabaja para La Vanguardia. En julio le concedieron el ‘María Moors Cabot’, el premio que otorga la Universidad de Columbia. Serbeto es el corresponsal de ABC en Bruselas, donde ejerce de castejonense, como antes hizo en Moscú o en México.
Siempre me ha parecido curioso que una zona con tan poca población haya producido un número tan alto de periodistas. Además de Serbeto, y sólo por citar a algunos, Milagros Pérez Oliva, que ahora es la defensora del lector de El País, nació en Eriste; la familia de Miguel Mora, corresponsal de El País en Roma, proviene de Chía; Santiago Costa, director de redacción del diario Segre de Lérida, es de Campo. Con tan magnífica nómina de colaboradores, no resulta difícil que la cita agosteña de Castejón de Sos, donde Marcelino Iglesias comienza el curso político, se convierta en una reunión distendida para hablar del mejor periodismo.
En la edición de 2010 se ha homenajeado a Joaquim Ibarz, un veterano profesional que lleva casi treinta años informando a los lectores de La Vanguardia de cuanto acontece en América Latina. Como Ibarz destacó en su intervención, después de tantos años escribiendo para el papel, le han concedido el ‘Moors Cabot’, el premio más importante de su carrera (por ahora), entre otras cosas, por el blog que publica en la edición digital de su periódico, que para muchos se ha convertido en un puente entre América y Europa.
Los corresponsales y enviados especiales también hablaron de lo que no les gusta del periodismo que viene. Hasta la llegada de Internet, el corresponsal trabajaba de forma más pausada en su crónica. Ahora, la noticia aparece en la web y el papel queda, cada vez más, para el análisis, el comentario y, en general, para la información de cocción lenta. Esa nueva distribución, sumada al ahorro de costes en la elaboración de las informaciones, hace, para algunos, que el periodista se convierta en una especie de McGiver que tiene que grabar el audio y el vídeo, hacer las fotos, tuitear los titulares, redactar unas líneas apresuradas para la página del periódico en Internet y escribir una crónica distinta que aparecerá impresa en papel al día siguiente. Con humor, Alberto Sotillo, periodista de ABC, se quejaba en Castejón: “Si el historiador griego Jenofonte hubiera tenido que tuitear, no le habría quedado tiempo para escribir la ‘Anábasis’”.
Publicado en Diario del AltoAragón el domingo 5 de septiembre de 2010.
